¿Quién fue el hombre que entró en el convento y sedujo a la hermana Agnes? ¿O fue ella la seductora? ¿Cómo es posible que ninguna de las monjas se diera cuenta de que la hermana Agnes estaba embarazada? ¿Es verosímil que ni la propia novicia conociera su estado hasta el momento del parto? ¿Acaso la concepción del bebé fue por intervención divina? ¿Fue Dios, tal como afirma la hermana Agnes, quien estranguló a ese niño concebido por un ángel caído para llevarlo inmediatamente a su divina presencia? ¿Estamos ante un milagro a fines del siglo XX?

Éstas y otras cuestiones son las que se debaten en "Agnes de Dios", que es además un retrato psicológico de tres personajes femeninos de extraordinaria potencia dramática.

 

Un día, el dramaturgo americano John Pielmeier leyó en un periódico la noticia de que un bebé había sido encontrado asesinado en la celda de una monja y, aunque el hecho en sí no llamó especialmente su atención, se sintió conmovido por las posibilidades de reflexión que suscitaba. Comenzó a escribir "Agnes de Dios" espoleado por las preguntas de si existen los santos en el mundo de hoy y si son posibles los milagros en una sociedad marcada por el laicismo más rotundo.

 

Lo que más me interesó al leer el texto original, fue la complejidad de la relación que se establece entre dos mujeres que, procediendo de una misma educación católica, han seguido en la vida caminos opuestos. La Doctora Livingstone ha abandonado la religión, mientras que la madre Miriam la ha reencontrado en su madurez. La obra plantea el enfrentamiento entre el racionalismo y la fe.  Las protagonistas de "Agnes de Dios" encarnan aparentemente esas dos maneras de enfocar el drama generado por el alumbramiento de un bebé en el convento y su posterior asesinato. Pero a medida que las vamos conociendo, descubrimos que la seguridad agnóstica de la psiquiatra zozobra en medio de sus más íntimas dudas y que la madre Miriam es en cambio una mujer con los pies en el suelo, tal vez mucho más racional que su antagonista. La doctora Livingstone es una mujer seria, más sentimental de lo que ella cree, pero vive en una perpetua tensión y en lucha consigo misma. La madre Miriam es, por el contrario una mujer risueña, irónica, manipuladora y tal vez ha llegado a la fe como una última agarradera que la libera del mundo, el demonio y la carne. A una y a otra, el terrible suceso provocado por la inocencia y el delirio de la novicia les afecta de tal manera que remueve los débiles cimientos de sus creencias. De esa contradicción en que se mueven estos dos personajes surge a veces un atisbo de humor, un elemento sin el cual me es imposible trabajar.

 

Pensé que tras el éxito de "La calumnia" , "Agnes de Dios" era un texto idóneo para Cristina Higueras y Fiorella Faltoyano. Y meditando sobre esa posibilidad - y aderezando mis cavilaciones con esa pizca de humor que me es imprescindible - llegué a la conclusión de que hay mucho de la psiquiatra cabal y tenaz, apasionada por la empresa que se trae entre manos, en Cristina Higueras, y mucho de la monja mundana, sarcástica y de exquisita educación, pero secretamente dolorida, en Fiorella Faltoyano. Así es que les propuse a mis amigas esta segunda aventura en el proceloso asunto de la religión y el agnosticismo y ellas, tan buenas actrices, tan ejemplares empresarias, me han encargado la versión y la dirección de "Agnes de Dios”. Me he permitido una versión bastante libre que acerca más la obra a mi propia visión de los problemas planteados por Pielmeier.


Hemos contado esta vez con la colaboración de la joven actriz Ruth Salas que imprime al personaje de Agnes la suavidad, la dulzura y la ingenuidad que Agnes requiere. Artiñano, siempre imaginativo, siempre sagaz, ha creado un espacio escénico minimalista y a la vez expresivo, que permite que la peculiar estructura de la obra se desarrolle con ligereza.


Fernando Méndez-Leite

agnes de dios

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